Un purgatorio diferente

Ayer, domingo 12 de febrero, murió Julián Meza. Julián es una de las personas que más han influido en mi vida. Un gran amigo, formidable profesor, entrañable crítico y pensador. Fue, desde mi perspectiva, un verdadero titán. Él decía que Borges había sido “el último de los últimos–que siempre serán los primeros”, y no puedo dejar de pensar que él, Julián, en realidad fue eso. Alguien que se atrevió siempre a pensar por cuenta propia, bajos sus propios términos, pésima costumbre en estos tiempos tan modernos. Siempre lo admiré y quise muchísimo. Hoy, para recordarlo, saco a desempolvar una reseña de su libro El purgatorio liberal, escrita en 2008.

Acercarse a un texto de Julián Meza siempre significa dos cosas: por un lado, esperar algo que sea diferente, extrovertido y felizmente inoportuno;  por el otro, anhelar algo que sea divertido y perverso (más perverso que divertido). Y El purgatorio liberal no se escapa de ambas expectativas. Meza nos deleita, nuevamente, con un libro de ensayos (el último publicado en el 2003) que va más allá de las reflexiones cotidianas y desafía, abiertamente, aquello que se considera “políticamente correcto”.

     El purgatorio liberal se presenta como un sobrevuelo de las distintas situaciones que maltratan el planeta; un llamado a repensar el mundo. Meza busca hacernos recordar, a lo largo del libro, que no hay otro cielo ni otro infierno que los construidos por las personas, y lo mismo el purgatorio; no es un lugar, a diferencia del bar de moda, que pueda ser clausurado y reinaugurado, a diestra y siniestra, por autoridades eclesiásticas: “…estoy convencido de que el infierno sí existe, pero a diferencia de este pontífice fundamentalista (Benedicto XVI) no pienso que esté situado en un eterno más allá, sino, al igual que el purgatorio, en el temporal y caótico más acá.” (p. 48). Y el purgatorio liberal es aquel espacio en el que esperan millones de economistas, estadistas y demás cándidos modernos para alcanzar el “paraíso” que ahora llamamos equilibrio en el mercado.

    En un México en el que la literatura, por demás sórdida, languidece lentamente, siempre es un gusto encontrar escritores que siguen dispuestos a crear algo grande, magnífico. En cada página de El purgatorio liberal, Meza  muestra, casi burlonamente, una de sus mejores cualidades: la gran capacidad que tiene para atestiguar, obviamente en desacuerdo, el mundo en el que vive. Así las cosas, este libro no es más que la recopilación de textos aislados que juntos crean algo que aterra, pero divierte; que preocupa, pero distrae. En suma, Meza logra tomar los atroces acontecimientos contemporáneos y convertirlos, inocentemente, en pequeños episodios dignos de ser desternillados.

     Escribiendo sobre asuntos importantes, pero que salidos de la pluma de Meza parecen nimiedades (hechas para reírnos un rato), repasa distintos aspectos de nuestra sociedad en la que coexisten, desafortunadamente, la violación de niños por gobernadores pederastas, la decadencia de los intelectuales y críticos en el mundo, la prohibición de libros, la invasión de EE.UU. a Irak y Afganistán, la (ir)responsabilidad de los escritores “socialmente responsables” y la esperanza por alcanzar el perfecto equilibro del mercado en países “en vías de desarrollo”, por poner pocos ejemplos. Es decir, El purgatorio liberal no es más que una filosa apología a la estupidez; una invitación a burlarnos de lo que pasa en el mundo, por más terrible que parezca. Pero así es Meza, como ya se dijo: extrovertido y felizmente inoportuno.

     Cada uno de los ensayos en este libro tiene una extraña cualidad literaria: no exponen, inamoviblemente, un argumento; más bien, se quedan mirando al lector, esperan algo de él. Asimismo, se exhiben como lo que verdaderamente es un ensayo: un salto en la oscuridad, un experimento (en palabras de G. K. Chesterton) y algo doméstico, privado y sin fin alguno (recordando a Montaigne). Es, simplemente,  un camino medianamente mal determinado, que poco a poco se convierte en marcha fúnebre, que lleva a una conocida sentencia final: vivimos una realidad en la que no pasa nada aun cuando el infierno se desate en él.

     Sin embargo, el propósito del libro, creo yo, no es mostrar las atrocidades que se viven en nuestro mundo y nuestro país, sino, más bien, repensar el orbe recuperando “el instante”, en el cual el purgatorio es una realidad, y como bien diría Borges, “el hoy fugaz es tenue y es eterno; otro Cielo no esperes, ni otro infierno”.

Reseña publicada originalmente en Opción, Núm. 153, diciembre, 2008; y en “Letra Viva”, suplemento cultural del periódico El Imparcial, 28 de diciembre de 2008.

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