Alguna vez…

31 10 2009

Hace tiempo creía en los derechos humanos… Hace tiempo, también, creía en el hombre… Hace tiempo creía en que las cosas podían cambiar…

…hoy recordé esos días.

Alguna vez, pensé que el mundo podía ser diferente. Dejé de hacerlo, pero espero que los demás no abandonen las esperanzas tan pronto…





(fe de erratas)

27 10 2009

Hace algunos días (o semanas, no sé), dejé en este espacio una lista con “Los 10 académicos que más respeto y admiro.” Al final de tal entrada, concluí que:

no estoy muy seguro de que llegue a estar a la altura (en cuanto a belleza se trata) de estos titanes a los que tanto admiro. Chín.

Pero entonces, la justicia poética, tan cabrona como siempre ha sido, me dio un sopetón de esos pesados. Hoy, precisamente, perdiendo el tiempo en Facebook, me encontré con una foto mía, que comprueba que lo que había escrito antes es una gran mentira. Hela aquí:

Bravo Aduna

yo, en el X Simposio de la AIFP, hablando sobre Rawls y Aristóteles o sobre la influencia del Tropicalísimo Apache en el siglo XXI, o algo así...

Tal vez, sólo tal vez, no es que los académicos sean poco agraciados (físicamente) sino que no hay buenos fotógrafos que se quieran dedicar a fotografiarlos…





Imaginemos una vida (1 ½)

25 10 2009

La secundaria es distinta, muy distinta. Empiezas a jugar con las niñas, mientras tus padres juegan a que su hijo crece. Y el hockey, dichoso hockey, logra que tú y tus padres jueguen a lo mismo: a jugar que juegas hockey. Con tu primera novia, juegas a eso del amor, tus padres juegan a preocuparse porque es mayor que tú por, al menos, tres años. Las fiestas, pinches fiestas hacen que tus padres jueguen a desvelarse para pasar por ti, tú juegas a que los primeros besos son sabrosos. Empiezas a jugar que fumas y tomas, mientras tus padres juegan a que eres alcohólico y adicto. Por tanto, empiezan a jugar que te castigan, tú juegas a que no te entienden. Básicamente, juegas a que estás creciendo y ellos juegan a que no deberías hacerlo.

Continuará…

baby





Imaginemos una vida (1)

18 10 2009

Naces. Tu nacimiento, sin que lo sepas aún, marcará el ritmo de tu vida. Sietemesino que, al robarse dos meses, quiere adelantarse a todos y todo. Naces casi muerto, casi perfecto. Tus padres juegan a que eres un juguete, te disfrazan con cuanto modelito europeo se pueda, tú juegas a mear y cagar por todos lados.  Pasa un año y medio sin pena ni gloria. Entras a la escuela al año ocho meses, tus padres juegan a que eres inteligente, “superdotado” quizá, tú juegas a brincar charcos en el patio. Y luego, luego viene la pijama de Batman; día y noche la pijama de Batman. Tú juegas a que eres súper-héroe, tus padres a que no puedes serlo. El justo medio: puedes usar la pijama debajo de la ropa “normal”, o sea: puedes jugar a que eres medio-súper-héroe. Termina el año escolar y repites Kinder 1, por aquello de la edad. Pasa otro periodo y terminas con un Doctorado en Garabatos superiores. Como premio, repetirás Kinder 1, otra vez, pero ahora en escuela bicultural, tus padres juegan a que vas a ser alguien en la vida, tú juegas a que aguacate se dice “guín, mamá, es guín, no aguacate.”

A los cuatro años empiezan las clases de piano, tus padres juegan a que eres Beethoven; tú juegas a que eres John Cage. Más tarde ese año te disfrazan de payasito en Halloween, juegan a que estás bonito; tú juegas a desarrollar una fobia a los payasos y un odio a los disfraces. Después, las clases de música, tus padres juegan a que eres especial, tú juegas a tocar el güiro. Tu primer libro aparece también y, junto con él, una biblioteca para ti solito después; tus padres juegan a que eres Borges, tú juegas a soñar, a que los libros son almohadas. Escribes tu primer cuento, y tus padres juegan a que serás Nobel de Literatura, tú juegas a que los cocodrilos se quedan chimuelos. Y ese periodo termina cuando te llevan a Disney y tus padres están jugando a que conozcas el mundo, tú juegas a arremedar al Pato Donald y pedirle autógrafos a las Tortugas Ninja.

Y nuevas cosas aparecen: las clases de violín, el basketball, el francés, etcétera; tus padres juegan a que serás Brahms, Michael Jordan y políglota, tú juegas a que serás arquero, famoso y sapo. A los once años, llegan las clases de poesía. Mientras tus padres juegan a que eres Alexander Pope, tú juegas a descubrir que Cristinita es hermosa. Juegas, también, a que nunca podrás articular poéticamente nada. Se termina la primaria y, al parecer, las clases “extra” también…

Continuará…


batman_kid





Horrible academia

8 10 2009

Nos encanta, qué duda cabe, hacer listas sobre lo que sea. Nuestras 10 canciones favoritas de rock entre febrero y mayo de 1996, las 10 mejores novelas de Lucerdito, las 10 personas que más asco te dieron cuando se sacaron un moco en quinto de primaria, etcétera. Es divertido, hay que admitirlo, sobretodo cuando se comparten tales listas. Y así, hoy —sigo sin saber por qué— me dediqué a hacer una. “Los 10 académicos que más respeto y admiro” decidí llamarla, y he aquí (en estricto orden alfabético):

Roger Bartra

Roger Bartra

Harold Bloom

Harold Bloom

Margo Glantz

Margo Glantz

Claudio Magris

Claudio Magris

Julián Meza

Julián Meza

Edgar Morin

Edgar Morin

Guillermo Sheridan

Guillermo Sheridan


Jesús Silva-Herzog M.

Jesús Silva-Herzog M.

Rodolfo Vázquez

Rodolfo Vázquez

José Woldenberg

José Woldenberg

Para la lista ganadora, hice varias discriminaciones, tan arbitrarias como la lista misma: escogí puros académicos vivos; sólo entraron aquellos que van más allá de la academia (es decir: que son también “intelectuales”, funcionarios, escritores, etc.); aunque admiro y respeto a algunos académicos jóvenes, no los escogí por eso, precisamente, por su edad.

Lo que aquí me interesa, sin embargo, es el hecho de que mi lista es bastante heterogénea. Entonces, inmediatamente, con el tradicional sospechosismo que caracteriza a los mexicanos, me puse a analizarla. “¿Qué tienen en común todos los de mi lista?”, me pregunté una y otra vez, para tratar de entender por qué los había escogido. Y, con muchísimo pavor, me fui dando cuenta de algo: todos son, hay que admitirlo, poco agraciados (físicamente).

Yo me quiero dedicar algún día a la academia, pero no estoy muy seguro de que llegue a estar a la altura (en cuanto a belleza se trata) de estos titanes a los que tanto admiro. Chín.